A petición popular, al
menos de un miembro del pueblo, me lanzo a escribir sobre la
Patrulla-X, los X-Men (ecs-men
en su moderna pronunciación a cuenta de las pelis, pero para mi, de
toda la vida los equis men u
hombres equis). Y es que aunque he sido gran seguidor
sobre todo de la etapa Claremont-Byrne, los primeros números de la
serie de Jim Lee y de los New X-Men de Grant Morrison, los
mutantes siempre han tenido algo que me ha chirriado sin saber muy
bien que era.
Temidos y odiados
por un mundo que han jurado proteger, cabecera de la serie
durante décadas es una pasada de lema. De primeras ya define que los
protagonistas son unos marginados pero que sin embargo estaban
dispuestos a darlo todo por su sueño (o más bien el del Profesor
X): un mundo en el que humanos y mutantes pudieran vivir en paz.
La primera etapa de Lee y Kirby es una suerte de alegoría política
en la que una lectura sin pretensiones podría definir como liberal:
una minoría oprimida que lucha por su integración en una sociedad
que siente rechazo hacia ellos.
Pero analicemos un poco:
un señor calvo en silla de ruedas, con poderes que le permiten
controlar la mente de casi cualquiera, junta a un grupo de teenegers,
cuatro chicos y una chica, con un potencial mutante asombroso... no
olvidemos la cantidad de dinero que debe tiene el profe: ¡Viven en
una mansión y jamás tienen problemas económicos al ser estudiantes
de la Xavier´s School for Gifted Youngsters! De primeras da
mal rollo, más cuando en el número 3 de la serie, en un monólogo
interior de Xavier, un hombre ya entrado en años (aunque en
posteriores revisiones rebajan su edad), reconoce que está enamorado
de la única chica del grupo, Jean Grey. Y más aun cuando coge a los
críos y los manda a luchas sin cuartel contra mutantes malvados...
vamos, que el profe manipula a preadolescentes para conseguir sus
objetivos, aun a riesgo de poner en grave riesgo su seguridad.
Por cierto, todos estos
chavales son blancos, anglosajones y protestantes, el culmen de la
sociedad americana según los cánones vigentes, y alguno de ellos
millonario, otro un genio de la biología... vamos, que no da para
ser muy marginado por muchas alas que tengas en la espalda.
La segunda génesis
de este grupo, varios años después, ya que desde su surgimiento no
consiguió demasiadas buenas ventas y fue una serie bastante
desapercibida frente a las grandes de Marvel, dio un nuevo aire:
surge un grupo formado por gente de todo el mundo, África, Alemania,
Canadá, Irlanda... hasta un soviético de origen siberiano había en
sus filas, que en algunas viñetas hasta hacía guiños a su
tranquila vida en el koljós siberiano del que procedía.
Socialmente nos
encontramos, además del campesino comunista, una ladronzuela de El
Cairo, un espía con ansias homicidas y sin problemas económicos, un
pueblerino del que no se conoce el oficio, creo que recordar que
heredero de una familia de nobles que le permite vivir
desahogadamente y un gitano zíngaro que se ganaba la vida como
atracción de circo. Diversas extracciones sociales que, en términos
de clase, en su mayoría (menos los que ya son) ascienden gracias a
Xavier a burguesía, donde ya no necesitan vender su fuerza de
trabajo para tener ingresos. El American Way of Life en estado
puro.
Pero no este el centro de
este escrito, mi tesis es que la Patrulla mantiene un status quo
no por ser marginados, si no que buscan serlo; su marginalidad no es
un condicionante, si no que es su objetivo. Haciendo una analogía
con organizaciones políticas, serían el PCPE, es decir, su
identidad se basa en ser marginales, porque en el momento en que
tomaran el camino de abrirse, desaparecerían como entidad propia,
dejarían de ser ellos mismos. Ejemplo, cuando la popularidad de
Lobezno crece y empieza a ser reclamo en varias series al margen de
la franquicia mutante, se aleja paulatinamente de la Patrulla X,
tendiendo hacia un héroe que realmente hace bastante más por la
integración sapiens-mutantes que el grupo encerrado en la mansión.
Por poner otro ejemplo, en las Secret Wars de los 80, la Patrulla no se une con el grupo de los héroes, si no que se plantean como una tercera fuerza independiente de estos y de los villanos. No es prácticamente hasta la batalla final que se deciden a apoyar al equipo de los buenos... Y vamos, no jodamos, todos tenemos claro que, sean como sean, están del lado de los ángeles. El postureo de estamos al margen de las peleas de sapiens, después de ser raptados por una especie de dios que se ha ofrecido a cumplir todos los deseos de los ganadores, no cuela, a no ser que su leitmotiv sea, precisamente, buscar siempre la diferencia.
Hay un diálogo
impresionante en el número 5 de Universo Marvel X (edición Forum), en el que
Bruce Banner habla con Cíclope:
Bruce Banner (Hulk):
Era un error tener un colegio privado. Un error tener identidades
secretas. Un error separaros de la humanidad como hicisteis.
Necesitabais entender que la gente tenía derecho a teneros miedo. No
se trataba de perjuicios. […]
Cíclope (Scott
Summers): N... nunca lo vi así.
¿Y tú, Hank?
Hank McCoy (Bestia):
Scott, amigo mio... ¿Por qué crees que me uní a Los Vengadores?
Brutal, Jim Krueger y
Alex Ross destrozan en diez viñetas la imagen de héroes de la
Patrulla X: su motivación es egoísta, falta de empatía y
consecuencia de su búsqueda de identidad. ¡Y el que le lanza la
arenga es el anti héroe por antonomasia en el Universo Marvel, Bruce
Banner!
El no saber quién
eres, propio de la adolescencia se trasmite a lo largo de las
generaciones en el grupo mutante; la dicotomia entre ser aceptado y
querer ser diferente de todos es llevada al paroxismo en esta
colección y sus adléteres. El desarrollo a lo largo de cuarenta
años ha llevado, camino de ofrecer un producto diferenciado, que es
la obsesión de la Casa de las Ideas, a una patología que podríamos
llamar Síndrome X caracterizado por la no aceptación de uno mismo,
que entra en contradicción al buscar salida a esta encrucijada
reclamando que son los demás los que no lo aceptan.
De hecho, el gran Grant
Morrison, en New X Men, desde mi punto de vista, tiene clarísima
esta visión de la Patrulla: en un mundo en el que los mutantes
amenazan con superar en número a los sapiens, su primer arco
argumental lo arregla: se carga a quince millones de mutantes sin
parpadear, con lo cual devuelve a los mutantes a su condición de
minoría; y después sigue desarrollando el asunto, provocando una
revolución en la escuela, donde el cabecilla reafirma su condición
de marginal eligiendo como imagen a Magneto, el mutante más odiado
por la humanidad.
Aunque se supone que el escocés loco provocó la
renovación total de la franquicia, en realidad lo que hizo fue
devolverla a los orígenes (aunque posteriores revisiones tristemente
se han cargado su trabajo).
En definitiva, pocos
tebeos me han producido más placer que algunas aventuras de la
Patrulla: el Juicio a Magneto, la Saga de Fénix Oscura... son
enormes historias, pero el concepto mismo de un grupo de adolescentes
superpoderosos alejados de la humanidad, da bastante mal rollo. O
como habría dicho un señor calvo y con perilla si hubiese llegado a
leer estos tebeos: La Patrulla X, la enfermedad infantil de los
mutantes.
